La exposición

En el mundo existen más de 6.000 lenguas. Aunque pueden ser muy distintas, desde el punto de vista del cerebro todas comparten una unidad esencial.

El lenguaje está en todas partes. No se ha documentado ninguna cultura humana que no tenga lenguaje. Allá donde vayamos, si encontramos dos personas, probablemente estarán hablando una lengua oral o una lengua de signos.

A la vez que vemos la omnipresencia del lenguaje, también observamos lo que parece una gran diversidad. Si miramos las lenguas del mundo, la vista parece mostrar mucha variación.

Sin embargo, las lenguas del mundo comparten más aspectos de lo que parece. Estos parecidos, que a menudo no son aparentes, se ponen de manifiesto a partir de los datos que nos proporcionan la neurociencia, la lingüística, la psicología o la biología.

Unidad en la diversidad

Ni el cerebro ni el lenguaje dejan fósiles... ¿qué recursos tenemos para saber cómo evolucionaron?

El cerebro de nuestros familiares más cercanos, los chimpancés, tiene partes comparables a las áreas lingüísticas de nuestro cerebro. Además, los chimpancés son animales sofisticados. A pesar de ello, no tienen lenguaje. Así, ¿cómo y cuándo lo desarrollamos nosotros?

El último antepasado común entre los dos linajes vivió hace unos ocho millones de años. Sin embargo, el lenguaje tal y como lo conocemos es muy reciente: es una actividad simbólica y no hay pruebas de pensamiento simbólico de hace más de 80.000 años.

Homininos que hablan

Cada vez es más evidente que también el lenguaje consiste en una red distribuida por todo el cerebro.

Tras siglos de esfuerzos para encontrar las claves que permitan ubicar el lenguaje y las funciones cognitivas superiores a zonas concretas del cerebro, los neurólogos han tenido que enfrentarse a la proliferación de descubrimientos que evidencian que el número de áreas que intervienen en el procesamiento lingüístico es muy grande.

En los últimos años los esfuerzos de investigación ponen énfasis en la conectividad por encima de la geometría. Tal vez este tipo de organización sea una de las claves de la plasticidad cerebral.

El papel de la forma

Para los niños no hay lenguas más fáciles o más difíciles: todos pueden adquirir cualquier lengua siguiendo unas etapas muy uniformes.

Los niños de todo el mundo adquieren el lenguaje de forma muy parecida sea cual sea su primera lengua. Algo que sucede de manera tan natural entre los más pequeños a menudo resulta un laberinto de preguntas y enigmas para los investigadores que intentan entender cómo se las arreglan los niños.

Todavía no hemos podido definir totalmente el proceso misterioso por el cual los niños adquieren el lenguaje. Este aprendizaje se produce de forma natural y sigue su propio camino a pesar de los esfuerzos que hagamos para controlarlo.

Más allá del útero

La tecnología más moderna nos da herramientas muy potentes para avanzar en el conocimiento del cerebro.

Las neuronas mantienen una actividad febril constante. Especialmente durante las horas de vigilia se transmiten señales eléctricas continuamente de una forma aparentemente caótica. Pero se pueden observar patrones vinculados a actividades específicas.

Estos patrones corresponden a grupos de neuronas que trabajan juntas. Se pueden capturar de forma fiable y segura con técnicas como el electroencefalograma, se pueden monitorizar con la implantación de electrodos profundos o se pueden observar de forma indirecta con tests psicológicos.

A la velocidad del pensamiento

Por desgracia, el lenguaje se puede estropear a lo largo de la vida. En estos casos no se estropea de forma caótica, sino ordenada.

La desintegración del lenguaje causada por varias patologías puede seguir patrones definidos que son clave para explorar su relación con el cerebro.

Pero tras este trastorno hay mentes sacudidas por el hundimiento de uno de los pilares que los ligaba al mundo. Ahora sabemos que el lenguaje y la cognición son dos caras de la misma moneda, pero ¿perder una afecta siempre a la otra?

Cuando el lenguaje no conecta